Reading for Pleasure Wednesday: RAYUELA

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coldhearted scientist وداد

Rayuela [Hopscotch] , Julio Cortázar, Chapter 7, complete:

I touch your mouth, with one finger I touch the edge of your mouth, I draw it as it if it came out of my hand, as if your mouth was for the first time just barely open, and closing my eyes is enough to undo it and start over. Each time I create the mouth I desire, the mouth that my hand chooses and draws for you on your face, one mouth chosen from all, chosen by me with sovereign freedom to draw with my hand on your face, and for some random chance I seek not to understand, it perfectly matches your smiling mouth, beneath the one my hand draws for you.

You look at me, you look at me closely, each time closer and then we play cyclops, we look at each other closer each time and our eyes…

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Arte.

Tu lengua, dulce y muy cálida, entrando en mi boca mientras nuestros labios se rozan a ratos.

Tú sonríes; te siento sonreír porque tengo los ojos cerrados y de pronto me entra la necesidad de abrirlos bien para ver cómo se forman arrugas cerca de tu nariz, para ver cómo ríes y muerdes mi lengua.

 

Entonces, yo te muerdo el labio y pongo cara de niña inocente, de Lolita, como a ti te gusta más.

Tú gimes, es un pequeño jadeo que pasaría desapercibido ante cualquiera. No para mí.

Tú gimes bajito, una especie de gruñido, y a mí eso me basta.

 

Pego mi cuerpo al tuyo, más si se puede, y tú bajas las manos despacio desde mis hombros hasta la cintura de mis pantalones, recorriéndome la espalda con ese calor tan escalofriante. 

Y por fin lo haces; pasas las manos a mi culo y lo aprietas contra ti, haciéndome notar esa zona que empieza a estar abultada, y yo me sonrojo pero a la vez me siento infinita, algo así como entera.

 

Ahí es cuando, tras recuperar oxígeno sin quererlo, me muevo sobre ti, como bailando esa música latina que tan poco nos gusta pero que tanto bailamos.

 

Gruñes.

 

Tú gruñes y también resoplas, maldiciéndome por lo bajo. Y yo me río, no puedo hacer otra cosa que reírme y hacerte reír a ti.

 

Nos miramos y sabemos que sí, que va a pasar. 

Como siempre, pero sintiendo que es la primera.

 

 

Me pides permiso para hacerlo duro, bruto. 

Me parece genial, ya no me preguntes más eso, ¿vale?

 

No sabes la locura del frío de la pared en mi espalda a la vez que tu calor dentro mío, muy dentro. 

Muy profundo.

 

Sales varias veces muy despacito para volver a entrar de golpe, dejándome sin respiración.

Ni siquiera me acuerdo de cómo se cogía aire.

 

Alguna música suena- nunca hemos sido tan intensos como para decir eso de ‘mira, es nuestra canción’, excepto en contadas ocasiones (cuando cantaba Otis, o el Jefe, que a ver cómo ignorarles)- y nosotros lo hacemos al ritmo, si nos viene bien. Claro.

 

Me coges del pelo, tirando muy poco- no te das cuenta de que no me haces daño, de que no podrías hacerlo- y yo araño tus omóplatos, que ya tienen cicatrices de las veces que.

Ambos fijamos los ojos en los del otro, observamos divertidos el dilatar de las pupilas por cada embestida mientras nos respiramos en la cara.

Siento tu aliento en mi boca y también me siento muy viva, por algún motivo. 

 

Me doy cuenta de que estoy perdida en cuanto me sonríes mientras te metes dentro más fuerte y yo me río más.

Tú también lo estás porque, seamos serios, nunca he sido tonta- aunque a veces lo parezca- y sé cómo debo morderme la esquina derecha del labio inferior mientras hincho la nariz y gimo, más alto y más libre cada vez.

 

 

Lo mejor es cuando estás a punto de terminar porque frunces la frente así, de esa manera, y las venas se te dilatan mientras hundes tu cabeza en mis clavículas como si fuésemos un jodido puzle o algo, encajando bien.

Es la mejor parte porque gruñes más fuerte, y juras por la boca, y a mí me traes de cabeza.

Es lo puto mejor, porque entonces me llenas y mi cuerpo empieza a arder, desde la punta de mis pies hasta la nuca. En oleadas, en pequeñas corrientes eléctricas que me hacen cosquillas en la punta de los dedos de mis manos con las que agarro tu nuca para no caerme.

 

Y parece que todo está hecho pero no, porque de pronto se te ocurre llevarme a la cama sin separarte, sin salirte de mí, porque, según tú, mis piernas son gelatina.

 

Ya sales, ya tienes que hacerlo, pero te tumbas, me besas las tetas mientras respiro profundo, y enciendes un cigarro.

 

Se siente bien.

 

Se siente bien.

 

 

 

Se siente fantástico.

 

 

 

Imagen

Ayer salí.

Ayer salí.

Con Mandy y con los chicos, ya sabes. Ya les conoces.

 

Pues eso, ayer salí y lo pasé genial. Tuvimos la suerte de encontrarnos con Sara, no sé si la recordarás porque hace tanto desde que.

Pero nos la encontramos; trabaja en el garito de siempre, rodeada de buena música y de gente de la nuestra, de gente como nosotros. Tuvimos mucha suerte, porque nos vio y nos invitó a chupitos y todo.

El caso es que todo bien, ya casi nadie pregunta por ti porque creo que me ven los ojos y no quieren que esté triste.

Todo bien, todo guay. Muchos saltos y cantar a los Clash a pelo, un poco bebidos y tal. 

Ya sabes. Como siempre.

 

El DJ era nuevo y no sé si es que fue el destino o a saber, pero se parecía un poco a ti cuando se mordía los labios concentrado, o cuando levantaba las cejas.

Pues todo bien. Todo muy puta madre.

 

Hasta que le dio por poner Fire

La de Bruce, la que casi nadie conoce. La nuestra. FIRE.

 

Yo qué sé, de pronto empecé como a recordarte muy intensamente.

¿Te acuerdas de la primera vez de Fire? ¿Cuando tú quisiste poner la de I’m on fire y sin querer descubrimos la nuestra y parecía que hablaba de nosotros al principio?

¿Te acuerdas de tus dedos rozando el bordado de mis bragas? Así, muy disimuladamente. Como sin quererlo. Así como tú.

Cause when we kiss, fire. 

¿Te acuerdas de lo siguiente? ¿De cómo empezó a ser nuestra canción? Esa tontería tan fuerte que nos dio, esa especia de ritual: oír Fire sin querer en cualquier local y mirarnos a los ojos y sonreír muy traviesos y correr a buscar los baños.

Pues de pronto empecé a necesitarte de nuevo y un chico me sonrió y casi pasa, casi le doy la mano y le sigo.

 

De todas formas, he decido que no. Que ya no me voy con cualquiera a pesar de que tú empezaste así, como un desconocido- pero en tus ojos había algo más, algo que susurraba mi nombre.

Ya no me voy con cualquiera porque sí se siente bien mientras pasa, mientras nos movemos. Pero a la mañana siguiente se me viene el Mundo encima.

 

 

Mira, no sé. Es sólo que al escuchar la canción, de pronto me empezaron a temblar las piernas y me acordé de la magia que hacías aquellas noches y aquellas mañanas, y aquellas tardes; de pronto me entraron ganas de correr hacia los baños. 

 

 

Te lo cuento porque quiero que sepas lo que te estás perdiendo y lo que me estás haciendo de perder.

 

Tuya.

 

 

 

https://www.youtube.com/watch?v=d5PoIrcyd34

Jersey.

Me acuerdo de la noche en la que me dijiste que me querías.
Es verdad que ya me lo habías dicho antes, un millón de veces, pero fue esa cuando decidí creerte.
Cuando terminamos de hacerlo en tu cama y se me antojó fumar en el balcón.
   Te quiero porque a mí me gustan las cosas bonitas y mi jersey sobre tu cuerpo supera con creces todas las que he visto.

Fue ahí cuando me sonaste de verdad, cuando nos pensé juntos y me sorprendí a mí misma sonriendo.

El Invierno sin ti.

Te mentiría si dijese que no te echo de menos desde que te dije adiós, que soy más feliz que nunca ahora que no estás. 

Si alguien me oyese decir que estoy mejor sin ti no deberías creerle. Porque no es así en absoluto.

Tampoco me atrevo a decir que me siguen gustando los paseos por Madrid y el Invierno.

 

Porque es verdad que soy feliz, que estoy conociendo a un montón de gente interesante y que hay varios hombres que lo han intentado, pero es que por cada persona que conozco, me viene a la mente un momento específico y pienso No, con él jamás podría coger el coche y desaparecerParece buen chico, pero seguro que no se atreve a recorrer Fuencarral llevándome a caballito .

 

Así que aquí estoy, feliz pero no del todo; con una sensación de suficiencia que no me gusta en absoluto, recordando tu cara sin quererlo, sin proponérmelo. Y un poco triste, para qué mentirte. 

Un poco triste porque te quiero a pesar de y como a nadie más, y lo único que puedo hacer es esperar a que esto pase- que pasará- y que aparezca alguien que me aparte el flequillo de los ojos y al que también le haga ilusión dar clases de Tango porque a mí es lo que más ilusión me hace.